Mostrando entradas con la etiqueta proceso de paz 1999. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta proceso de paz 1999. Mostrar todas las entradas

Noticias llegan desde "Puerto" Inírida

Caminando cerca al rio. Fernando Botero. Museo Botero.


No he vuelto a Inírida.  Trece años han pasado desde esos intensos días en el Lejano Este Colombiano, no tuve tiempo de disfrutar los atardeceres desde el puerto, no visité los Cerros del Mavicure esa maravilla natural que se alza a la orilla del rio Inírida sobre el horizonte oliva y esmeralda de la selva amazónica. Los Cerros son en realidad tepuys, una de las formaciones rocosas más antiguas del planeta con biodiversidad aún por estudiar, forman parte del macizo guayanés, área que compartimos con Venezuela y Brasil;  las características únicas de la región inspiraron a Arthur Conan Doyle para su famoso relato El Mundo Perdido. Interesante título. Tampoco visité la Estrella Fluvial del Sur, la confluencia que forman los ríos Orinoco, Atabapo y Guaviare, otra maravilla natural que  reseñó hace doscientos años el viajero y naturalista Alexander Von Humboldt. Una pena.  Lo que sí conocí fue la calidez de su gente, su amabilidad, su belleza.

El Presidente, Fernando Botero


El Presidente de la República y su comitiva – Ministro de Defensa y comandantes del Ejército, de la Armada Nacional, la Fuerza Aérea y de la Policía-  aterrizaron la tarde del lunes del 22 de noviembre. Un grupo de periodistas arribó ávido de noticias rojas, de heridos, muertos y destrozos, lo esperado luego de una incursión guerrillera. Se fueron un poco decepcionados, esa batalla se había ganado.  La banda de música los esperaba, al abrirse la compuerta del  Fokker Presidencial 001 los jóvenes tocaron los  primeros acordes.  Cerca a la pista la gobernadora -con sueño por recuperar, un breve discurso de bienvenida en la cabeza y algunas notas en una libreta- esperaba acompañada con las otras autoridades civiles y militares, y por supuesto, con Margarita muy bien arreglada para los medios. Saludos, abrazos, felicitaciones, sonrisas… a la camioneta con el Sr. Presidente rumbo al auditorio, breve diálogo. El  Ministro del Interior no pudo acompañarlo, no solo Guainía estaba en problemas para finales del 99, en ese momento la gobernadora cayó en cuenta que su ministro, el  ministro para el que trabajaba cada día desde temprano hasta la hora que fuera necesario, no la había llamado en toda la semana…  

Pueblo, Fernando Botero.


El lugar estaba dispuesto, hasta la gobernadora se sorprendió. El día anterior un grupo de jóvenes del colegio había escrito en la pared del fondo de aquel auditorio al aire libre: “Bienvenido al Guainía Señor Presidente”, el pueblo se concentró con camisetas blancas, algunos se cubrían con sus sombrillas del inclemente sol.  Margarita con un equipo de la gobernación se encargó de tener todo a punto: mesas, sillas, botellas de agua, banderas. A las tres de la tarde inició el encuentro.  La gobernadora con algunas notas a la mano,  saludó a Inírida y agradeció su presencia esa tarde allí para brindar un gesto de reconocimiento a los hombres que durante los días y noches anteriores los habían protegido de las intenciones de la guerrilla. Agradeció al Coronel Calderón de la Infantería de Marina, al Coronel Betancur de la Policía por su coraje al frente de sus combatientes. Agradeció especialmente a los pilotos y artilleros que cada noche brindaron un poco de descanso a los hombres de tierra…   Pocas palabras. No mencionó nada sobre la corrupción, sobre la posibilidad de vivir mejor si se elige mejor, del olvido del gobierno nacional, del abandono a su suerte de esos miles de colombianos en la frontera, del desastre ecológico y ambiental por la explotación de sus recursos naturales y minerales. ¿No era el momento? Agradeció la presencia del señor Presidente, cedió la palabra.   ¿Te lanzarás a la política?, preguntó el Presidente. Una broma, por supuesto.

Cada personaje dirigió unas palabras al pueblo de Inírida, aplausos, gritos, vivas. Un acontecimiento que fue reseñado en la prensa, se tomó las fotografías pertinentes para el recuerdo. El reloj marcaba casi las cinco. De nuevo  a la camioneta directo al aeropuerto, la visita concluía.  Una solicitud fue atendida: Señor Presidente, ¿podríamos parar unos minutos en el Hospital? Los médicos y el personal allí quieren saludarlo.  El Presidente saludó a todos y cada uno, pasó a ver a Hamilton y a los heridos, luego partió.  La vida volvió a la normalidad en Inírida.

El ladrón, Fernando Botero. Museo Botero


Hoy, 25 de noviembre de 2012, día en que trabajo para este capítulo final llegan noticias. En el diario el Tiempo aparece el titular Coltán: Viaje al jugoso negocio que controla la guerrilla en Guainía. Las cosas no han cambiado:
 
“Ni a ustedes ni a nosotros ni a la comunidad indígena nos conviene que se sepa lo que ocurre aquí", dice el comandante 'Julián' alzando la voz mientras se acomoda el fusil que lleva terciado en su espalda. El guerrillero, de unos 40 años, de jean y camisa a cuadros de color rojo, habla tranquilo, como si no le perturbara el agua que se entra por sus botas de caucho, que están parcialmente sumergidas en el río Inírida. "Yo les aconsejo que se vayan; aquí no dejamos tomar fotos, hacer entrevistas ni exponer a nuestra gente", agrega en tono indulgente.  Él y dos de sus escoltas, uno blanco y otro indígena, también armados, están encima de una piedra, en la mitad de un imponente raudal, que es el último de los cinco que hay que atravesar desde Puerto Inírida para llegar a la mina que resguarda el frente 'Acacio Medina' de las Farc -una facción del frente 16-, que, según la Policía, cambió el polvo blanco de la coca por las arenas negras de donde se extrae la piedra azul grisáceo que está en apogeo en la Orinoquia: el coltán”

El negro Acacio, su espíritu, sigue presente en las FARC y en Guainía,  su olfato para los negocios acompaña ahora a este renovado Frente 16 del grupo guerrillero y muchos otros. Business are business.  Aquellos que critican con tanto ahínco en micrófonos internacionales a otros depredadores de nuestra riqueza natural, ocultan sus deslices fusil al hombro, tumban monte, acaban con el hábitat natural sin el menor reparo, pero con la mayor discreción. Cuando el dinero llega al bolsillo propio el interés nacional pasa a otro plano. Las cosas no han cambiado... Aún los periodistas no saben que la capital de Guainía se llama Inírida, solo Inírida, el nombre de una princesa indígena.

Luego de la visita presidencial la gobernadora tenía pocos días para regresar a su mundo en Bogotá. Un último consejo de gobierno, de nuevo los temas de preocupación, los compromisos por cumplir. Reapareció la sombra perseverante de  Pablo en la oficina. Luego de un suspiro y para romper el hielo que aún los separaba la gobernadora intentó una conversación,  preguntó cómo había solucionado el tema de la distribución de los cerdos a las comunidades indígenas. Ya no hay problema, contestó muy serio. ¿No? No.  Los cuarenta animales cayeron víctimas del tiroteo durante los días del intento de toma guerrillera… agregó enfático.  ¿Todos murieron? Todos. 

Regresamos a Bogotá en un avión de Satena lleno de adolescentes que salían del pueblo, muchos con rostros preocupados y afligidos, así sorteaban las investigaciones que realizaba el Ejército sobre su posible participación en el ataque a Inírida. Consecuencias. Regresamos con recuerdos difíciles de olvidar, con un abrazo en el aeropuerto: los médicos y el director del Hospital, el Dr. Pira, Magnolia, los comandantes y  Carlitos.  Regresamos en silencio, olvidamos la aversión a volar, dejábamos atrás esas tierras hermosas y lejanas para el corazón del país, la ventanilla del avión y un día despejado nos permitió guardar en la memoria la última vista de la región. La ya ex - gobernadora renunció a su cargo de subdirectora de Descentralización y Ordenamiento Territorial en el Ministerio a los pocos días de regresar a Bogotá.

Las estrellas dejaron de bailar en mi firmamento, aunque volvieron a su serenidad, el cielo no volvería a ser el mismo. Durante años intenté escribir este relato pero por alguna extraña razón no lograba organizar los recuerdos, las imágenes volvían en alta definición pero mi mano se rehusaba a traducirlas en palabras, hasta ahora. La tristeza interfería. Guardo un bello recuerdo de aquellos días en Inírida, espero que el futuro le depare mejores momentos, mejores gobiernos, menos promesas; más visitantes amantes de la naturaleza, menos depredadores de sus riquezas y su cultura.

Hasta aquí este relato, gracias por tu visita a Mar y Monte. Espero el próximo año regresar con una nueva historia, esta vez sí, sobre el Caribe, el pueblo donde vivo, el azul de la bahía… Siempre bienvenido a Mar y Monte. Un abrazo fuerte, O.

Pd. Nota para los lectores, todo lo aquí relatado... sucedió. 

El amor, el amor

Vase of Flowers, Teuane Tibbo. 1965

 Hacia las dos de la mañana del amanecer del sábado 20 de septiembre tuvimos tiempo para la poesía. El cansancio se hacía evidente, no habíamos dormido más de dos o tres horas cada noche. El personal médico, las enfermeras y los técnicos del hospital permanecían en guardia, agotados pero firmes. Esa madrugada nos reunimos, unos pocos, en la salita -la trinchera-  de la gobernadora. El Dr. Pira, quien también estaba en el hospital, llegó con un obsequio: un libro de poemas. Lo conservo. La dedicatoria dice: Para calmar la angustia el mejor lenguaje es el de la poesía. Recuerdo de esta madrugada en Inírida, noviembre 1999. H. Le agradecí el detalle.  Leímos en voz alta algunas poesías, palabras inspiradoras unas, tristes otras, los autores: Federico García Lorca, Emily Dickinson, Rafael Alberti, Antonio Machado, y otros más.  Algunas lágrimas aparecieron. La guerra afuera tan lejana y cercana a la vez.

La batalla por Inírida continuó. Los aviones que asumían la defensa nocturna habían partido  la madrugada del viernes 19 de septiembre.  Sería un largo día. Muy temprano en la mañana surgió un problema, el tubo madre del acueducto que alimentaba gran parte del pueblo se rompió, no había  agua. Afortunadamente el Hospital contaba con un pozo profundo para paliar el inconveniente. De inmediato, la gobernadora se comunicó con el secretario de obras, ¿Algo se puede hacer? … No es posible arreglar el daño, respondió el Secretario, no puedo enviar a nadie para que arreglar la ruptura, es demasiado peligroso.  Tiene razón, contesté.  Muchas casas cuentan con pozos profundos, no se preocupe... Inquietud.

No eran las ocho de la mañana cuando Margarita se me acercó con una solicitud. Estaba preocupada por Ágata, Lagober llevaba dos días en casa con las ratas merodeando hambrientas; debemos rescatar a Ágata, me propuso. ¿Rescatar a Ágata? pero Margarita ¡Es un gato!; una gata, me corrigió, es ¡Ágata, Lagober! Por su gesto y tono de voz supe que no estaba negociando. Margarita se sentía responsable de Ágata y estaba dispuesta a ir por ella.  Amor.  Magnolia, quien le había regalado a Ágata, se puso de su parte. Consulté con el director del Hospital, pregunté si teníamos un carro disponible. La casa queda a tres cuadras del hospital. Él dudó. Margarita le suplicó.  La tregua de las seis a nueve permitía la maniobra. Magnolia, quien consentía al director con sus recetas y postres, se unió a la causa.  Luego de unos segundos de vacilar el director del Hospital les dijo: Les presto la ambulancia, pero en cinco minutos deben estar de vuelta.  Increíble.

South wind on the beach, John Passmore, 1955. National Gallery of Australia, Canberra

La guerra reinició según lo previsto, la tregua finalizó un poco antes de las nueve de la mañana. Los refuerzos no llegaban, los refuerzos terrestres no aparecían. Luego de casi tres días de batallar contra las Farc, los hombres de la Infantería de Marina y de la Policía mantenían su ánimo, pero ya pasaban las cuarenta horas desde el inicio y el Ejército no llegaba.  Decidí volver a llamar a Bogotá. Las noticias me dejaron desolada.  Los hombres del Ejército están lejos de Inírida. Un anillo de las Farc impide que se aproximen por tierra, no podemos arriesgarnos a una emboscada, me aseguró el Almirante. ¿Lo sabe el Coronel Calderón? Pregunté. No, continuaremos con el apoyo aéreo nocturno. 
No fue una mañana fácil. ¿Qué me está diciendo? ¿Está seguro? La voz al otro lado de la línea me aseveró que estaban moviendo cilindros por la zona del barrio 5 de Diciembre, cerca a la base de la Infantería. Coronel, me acaban de llamar, por favor tenga cuidado, por la zona del barrio 5 de diciembre aseguran haber visto movimiento de cilindros. Tengan cuidado… Gracias, doctora, vamos a verificar. No tuve el coraje para decirle que los refuerzos no llegarían, al menos no ese tercer día de lucha.  La permanente descarga de las armas se volvió rutina, cada hora, cada minuto…  algunos heridos llegaron.  Esa mañana, durante la tregua, muchos de los hombres  y mujeres que habían permanecido en el hospital decidieron volver cautelosamente a sus casas.  Seguíamos en alerta roja. Antes del medio día otra llamada golpeó el ánimo de la gobernadora.  Meses atrás había firmado su divorcio, una separación que él había decidido, no ella. A pesar de la ruptura se veían con demasiada frecuencia. Él la llamó  esa mañana de 19 de septiembre para saludarla, luego de unos segundos ella preguntó: ¿Volveremos?... No.  No fue una mañana fácil.  


ThreeTahitians, PaulGauguin 1899. National Galleries of Scotland

Cerca de las tres de la tarde,  la gobernadora se sentó en uno de los corredores a conversar con una  enfermera de origen indígena; allí, la enfermera había instalado una mesa y su silla para cortar y doblar algodón y gasa, a pesar de la situación y el continuo eco de la guerra, la mujer transmitía tranquilidad. Tomaba las tijeras y cortaba pequeños trozos, los ordenaba y guardaba en paquetes.  Me  senté en el piso junto a ella, me enseñó cómo hacer la tarea. Conversamos y doblamos las gasas hasta que  llegó la noche. Habló sobre sus creencias religiosas, me sorprendí al saber que casi la totalidad de la población indígena del Guainía es evangélica.  Sophia Muller, una misionera que vivió en la selva con ellos a mediados de siglo,  era la responsable. Con infinita paciencia la misionera tradujo la Biblia a lenguas nativas, trabajó con convicción y persistencia, ganó las almas de los nativos para su comunidad, pero tristemente, también eliminó a  dioses, mitos  y muchas de sus tradiciones; su lucha incluyó también la medicina tradicional; según la creencia evangélica-cristiana, esas costumbres nativas tenían fuente pagana y por ello, debían ser erradicadas. Tuvo éxito... parcial.  A pesar de la enérgica evangelización de la señorita Muller, aún los pueblos guardan sus secretos.  La enfermera me habló del pusana, el famoso brebaje del enamoramiento, que también usan para hacer el mal.  Debe usarse con precaución, aclaró.  Sirve para enamorar pero no para reconquistar.  Nada sirve, agregó la gobernadora.    

Magnolia y Margarita rescataron a Ágata sin ningún percance esa mañana. La encontraron famélica y temerosa escondida dentro de una bota. La tercera noche de combates se aproximaba, el pueblo y el hospital aguantaba la escasez de agua y alimentos, los hombres de la Infantería y la Policía continuaban con su vigilia permanente, el cansancio empezaba a sentirse.  El cerco se sentía, los alimentos eran limitados –no solo en el hospital, sino en el pueblo-.  Inírida recibía para esa época dos vuelos semanales desde Villavicencio con alimentos, artículos para el comercio, medicinas;  el pueblo dependía de esa comunicación aérea.

Fruit and Bottles, Charles H. Walther. 1930. The Phillips Collection
Mientras el pueblo entero se sacrificaba y esperaba un pronto y positivo desenlace, en Bogotá, el elegido popularmente, daba declaraciones a los medios de comunicación como orondo gobernador -Orondo según la RAE: Dicho de vasija, de mucha concavidad, hueco o barriga; lleno de presunción y muy contento de sí mismo; grueso, gordo-  Él, solidario y comprometido con su pueblo, conociendo lo que se avecinaba, había tomado el avión a Bogotá el sábado anterior para ponerse a salvo. Desvergüenza.   



Bell rock lighhouse, Joseph Mallord William Turner. 1819 National Galleries of Scotland


Hacia las ocho de la noche recibí la llamada del Coronel Calderón, esperaba la pregunta: Doctora ¿Ha sabido algo de los refuerzos? Su voz cansada,  expresaba por lo que estaban pasando. Coronel: Estamos con Dios, usted y sus hombres… Ánimo. Le contesté. No fue necesario aclarar los detalles.  La guerra continuaba. El avión volvió con nosotros como las otras noches, las ráfagas se hicieron aún más intensas, no era un solo avión, varios de ellos protegieron Inírida hasta el amanecer. ¿Cuánto tiempo más duraría el combate?

La poesía dejó un halo de tristeza, de nostalgia. Quienes nos acompañaban en la salita se despidieron casi a las tres de la madrugada, nos quedamos solas, debíamos descansar un poco. Los pilotos y artilleros nos acompañaban desde el firmamento. El retumbar nos brindaba algo de paz.  El amanecer del sabado 20 de noviembre llegaría pronto. De repente, Margarita se levantó y  buscó su cartera, sacó la billetera y rompió su tarjeta bancaria y de crédito… No comprendía qué estaba haciendo.   ¿Margarita? Con una mirada triste, resignada,  me respondió: ¡Ellos me podrán secuestrar, pero mis ahorros no los tocan! Cansancio.

“La tarde está muriendo
Como un hogar humilde que se apaga.
Allá, sobre los montes, quedan algunas brasas.
Y ese árbol roto en el camino blanco
Hace llorar de lástima.
¡Dos ramas en el tronco herido, y una
hoja marchita y negra en cada rama!
¿Llorás?... Entre los álamos de oro,
lejos, la sombra del amor te aguarda.”

Antonio Machado. 1875-1939

Continuará...