Calle Pintor Velasquez, No. 6



Han pasado treinta años
El otoño apenas comenzaba.

Paso obligado pasillo primer piso,
Una mirada de reojo, un anhelo camuflado, 
señal de ligera indiferencia
El desajuste en la puerta del buzón, 
posible presencia de noticias,
Un mensaje, una postal, o quizás 
una paloma mensajera.
Falsa alarma, 
el desajuste es solo negligencia del casero.
Don Manolo se defiende: 
el buzón es el de siempre.


Mis zapatos viejos




Un corto viaje acabó con su existencia.
Caminata sin pretensiones ni barullos
Fue el empedrado el que quebró al final su fortaleza.
Un aliento de congoja cubrió el descubrimiento
Compañero de senderos, fiel, prudente, buen amigo.







Magallanes



Hablé con Magallanes la otra noche
Sentí su soledad, su exilio.
Recordó sus sueños, 
el  apremio por  llegar a las especias,
no creer en tormentas ni borrascas,
fondear prudente; 
orar a un santo que se acuerde de unos locos.
Pimienta, clavo, jengibre y canela,
su pretexto.
Recordó la Cruz, las velas y sus naos.

Señaló a lo lejos al Victoria, más atrás al San Antonio,
El Concepción, el Santiago y este…
este el Trinidad en el que viaja.
Pronto un mar de nubes desdibuja  la  presencia,
Solo el Victoria congela su figura.




 Las Molucas son la meta, 
el camino ha sido incierto
Nada de colosales congrios,
 imponentes bogavantes o dragones
Sí los monstruos conocidos: 
hambre, tristeza, enfermedad, desesperanza… 

Los motines se maniobran con timón 
y viento firme… 
algunos pierden la cabeza, 
gajes del oficio;
los demás reconsideran continuar en el periplo.


La ruta a un estrecho, un canal o cualquier cosa que lleve a las Molucas
Un sueño inconcebible, un encuentro aún asombroso
Corrientes, ensenadas, noches de tornado,
historias fabulosas; lo normal cuando desafías tu destino; 



Se despide Magallanes
No hay sonrisa ni una ojeada,
Ojos fijos mar sereno,
su Océano Pacífico, el globo, nuevas rutas.
No tendré el favor del cielo, asegura
pocos volverán al puerto de Sevilla.
 
Seguiré adelante, el viento anima,
Allí donde se encuentren las fragancias, 
la bahía y los amigos.
No olvides, me recuerda, un sueño que aún tengo... Mi cristiana sepultura.


Escuela de Pastores




Decidiste ingresar a la escuela de pastores…
Aclaras que tu afecto es por 
la cabra lechera y la oveja merina.
Lejos de sermones, gabelas o culpas que afloren eficaces.
¿Sangre de un abuelo caminante? ¿Una fábula que te leyó de niño?

Ciudades subterráneas



Un extraño orden se impone
aún en el caos de la guerra.
La escasez, el desconcierto, la tristeza.
La rutina de otros tiempos se convierte
en reliquia, esperanza y agonía.

Sombras necesarias



Cada noche aparecen, me cubren
y roban la cordura
Profecía de un destino inevitable
La oscura cavidad es misteriosa
¿Sueño o asisto a
otro e irrefutable teatro de la vida?


Hay días...





Hay días que imagino
La primavera probar en mi ventana
Celeste que viste el universo
Sensación en la piel que pone alerta los sentidos
Pasan los segundos y recuerdo
No hay estaciones donde vivo…









Hay días que creo ser Jimmy Liao
Sus letras y colores
Me sumerjo en su rincón del mundo
Donde vuelo entre plantas submarinas, vocales y sonatas
Pasajes de turquesa, verde y acuarela.
Hay días en que hablo con mi gato…
No soy tu gato, me corrige.
No tengo gato, le recuerdo.





 Hay días en que el ánimo amanece confundido
Los sentidos me traicionan
¿No es primavera la que toca a mi ventana?
¿No es mi gato el que escucho sigiloso?
¿Los colores anuncian retirada?

 
Un obsequio salva la mañana
Soy crayón, papel y tinta… 
¡Al diablo los sentidos! Su traición no me molesta.
Escucho de muy lejos la  pícara mirada de Sarita…
¡Qué entre el sol, el gato, la alegría de los niños!
 

La visita de las Líridas




¿Acaso se entristecen?
Razón de su efímera visita
Un segundo es suficiente,
Nada invita, ni motiva
El mismo mundo y sus desagües
La misma raza y su insolencia


¿Y si no fueran átomos de polvo?
Lluvia de estrellas que adorna el firmamento
¿Y si fuera el ojo de Dios que nos da vuelta?
Como quien espera una sorpresa…
esta vez buena.

 
Mejor será que haya luna llena
Que su luz impida el desencanto  
Quizá una noche de tormenta oculte
La afligida superficie del planeta
Nubosidad que tape la vergüenza


El hombre insiste y levanta la cabeza
Clama ayuda al infinito
Ellas pasan presurosas
El destino es tuyo…  
Volveremos.